La felicidad

La felicidad

por Eduardo Oyarzú
Consultor Psicológico, Counselor Filosófico, OST en Adicciones.

◊ ¿Por qué alguien querría ser infeliz? La pregunta es tramposa, pero podemos formularla de una forma parecida: ¿Por qué tanta gente hace poco y nada para ser feliz?

¿Será porque la felicidad no se valora? O porque se considera imposible, confundiéndola con la alegría. Escuchamos a menudo decir que hay que aprovechar los momentos de felicidad que nos brinda la vida. Así expresado, la felicidad es esporádica y no depende de nosotros.

Así expresada, la felicidad está desvalorizada, no vale la pena hacer demasiado y mucho menos dedicar la vida a ser feliz.

Ya vendrá. O no vendrá. O vendrá y se irá. Qué más da. ¿Qué puedo hacer entonces?

Por lo pronto voy a contarte como yo lo veo. O sea, mi verdad, que sólo es una de tantas, y ya verás si algo resuena en vos y si puedes agregarle de tu parte algo que la transforme en tu verdad deseada. También parcial, pero es que todas las verdades lo son.

«La sabiduría es interna, está en nuestro ser, porque nuestro espíritu la trae de origen, y el vivir, el experienciar la hace fluir, recordar, volver al consciente.»

Creo que la felicidad es un estado, un estado del ser, de la persona que somos; un estado al que se arriba en un momento de la vida, o del que se toma conciencia en un momento de la vida.

Implica sentir y vivir dentro lo que todos más o menos pensamos de la felicidad: paz interior, alegría de vivir, confianza en uno, en el otro, en que podremos afrontar lo que se nos presente, y cosas así.

Y es un estado, porque como el sol en la tormenta, siempre está por detrás y aparecerá cuando aquella se disipe.

Es un camino de evolución, al que se llega o en el que uno se descubre si es que ha llevado una vida de crecimiento y desarrollo.

Y es que no concibo otro destino del ser que el de ser feliz. Pero es difícil en este momento del desarrollo de la humanidad reconocer que es el camino a seguir, que es el único camino que vale la pena seguir.

Y pienso que no se accede a la felicidad total de golpe, sino que hay un grado de evolución personal que comienza a poder definirse como situarse en la felicidad, y de allí para adelante, sin límites en esta vida. Y seguro continuando en otras.

Después de varios siglos creyendo que el conocimiento nos hará libres, hemos contribuído a hacer una sociedad con líderes ilustrados en lugar de líderes sabios. El conocimiento es exterior, e implica llenarnos de él como si fuéramos receptáculos vacíos.

La sabiduría, por el contrario, es interna, está en nuestro ser, porque nuestro espíritu la trae de origen, y el vivir, el experienciar la hace fluir, recordar, volver al consciente.

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Hace poco escuché que alguien recordaba que “re-cordar” es “volver a pasar por el corazón”. Por eso las experiencias de nuestra vida nos permiten volver a pasar por el corazón lo que ya sabíamos y habíamos olvidado.

Por eso cuando escuchamos a algunas personas, o leemos algunos textos, aunque no los entendamos bien, aunque no sepamos si es verdad, algo dentro, en nuestro centro del ser, en la zona del corazón, algo resuena y nos conecta. Por eso a algunos les creemos y a otros no.

Y cuando conectamos, es con nuestra verdad, que no es más que una forma parcial de LA VERDAD, pero es la que debemos desarrollar, porque es la propia.

Para ser felices debemos resignificar el mundo. Cambiar nuestra percepción, esa que nos hace creer que todo va mal, que nos pone enfermos, deprimidos, tristes, insatisfechos.

La realidad es la misma, pero vista desde otro ángulo es totalmente diferente y permite la felicidad.

No renuncies a ser feliz, porque es el máximo propósito de tu vida. □ HCXC

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