Gonzalo Arnedo y el recuerdo de la quinta Santa Teresita

En la entrada de La casa sobre Remedios de Escalada: (desde la izq.) Diego (con la pelota), Gonzalo y Fernando Arnedo, Claudia Isaurralde y Felicitas Arnedo.

Gonzalo Arnedo relata las vivencias de su niñez junto a hermanos y primos en la gran casa quinta que estaba en Solís y Vergara.

Yo nací en mi casa en un durísimo invierno en julio del año 1950. Mi madre no se internó, sino que fue a atenderla a su casa una partera, la señora GUASCH. Aquella historia del agua hirviendo que se ve en las películas, todavía se practicaba, y con éxito. Yo lo pude comprobar cuando nacieron mis hermanos menores de la misma manera.

La dirección era Solís 1395, esquina Vergara, se la llamaba Santa Teresita porque en la parte principal del jardín que daba al frente había una estatua de la Santa.
Había sido una quinta para gente que vivía en Capital y venía a Hurlingham a pasar los fines de semana o a veranear. Fue propiedad de la familia Ferrario y nos contaron que en un momento estuvo Marcelo Torcuato de Alvear, quien fue intendente de la ciudad de Buenos Aires.

«Los chicos vivíamos de aventura. Entre mis primos y nosotros era una banda…»

Ahí vivíamos, mis abuelos maternos, Rafael “Pepé” Insausti y Alicia “Memé” Etcheto, sus dos hijas que eran mi tía Alicia y Susana, mi madre, con sus respectivos maridos, Leopoldo Isaurralde y Mario Arnedo Gallo y sus proles, mis dos primos Leopoldo y Claudia y nosotros cinco, Fernando, Felicitas, el tercero era yo, luego vinieron Diego, Santiago y un sexto que se llamó Ramiro y que falleció a muy poco de nacer de una fuerte neumonía que no pudo superar.

Durante años tuvimos uno de los pocos teléfonos que había en el barrio, el 655-0542. Era un aparato que tenía una manija que había que girar, después levantar el auricular y esperar a que te atienda la telefonista para solicitarle la llamada. Varios vecinos venían a casa a pedirlo prestado.
En la quinta, que tenía unos 40 metros de frente y 100 de profundidad, había una entrada principal por la calle Solís y otra atrás sobre Remedios de Escalada frente a la vía. Ahí vivíamos nosotros, los Arnedo, que usábamos esa salida cercana a la Estación, adelante estaban mis tíos y primos y en el centro quedaba la habitación principal de mis abuelos.

Era una casa colonial con habitaciones enormes, una gran galería y un parque con toboganes y hamacas para jugar, teníamos varios perros y estaba lleno de frutales. En el verano nos subíamos a las 4 higueras añosas y nos empachábamos con kilos y kilos de higos, también había árboles con manzanas, naranjas, nísperos.

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El agua se extraía con un molino de viento y era almacenada en un tanque de 20.000 litros al que se subía por medio de una escalera. Cuando había mucho viento, el molino giraba a toda velocidad y no podía parar, teníamos que frenarlo entre varios con una palanca. Para hacerle el mantenimiento venía con su ayudante un plomero de apellido Griolli.

Una vez por mes venía el doctor Délfor Díaz y nos ponía en fila para hacer una revisión general. Traía una valijita con fuelle de donde sacaba el estetoscopio y un martillito para controlarnos los reflejos con golpecitos en las rodillas.

También venía una vez por mes a cortarnos el pelo a todos los varones el guardabarreras que manejaba la garita del paso a nivel de Vergara: Carlos Viora que vivía sobre la calle Finochietto y tenía como segunda actividad la peluquería.

Los chicos vivíamos de aventura. Entre mis primos y nosotros eramos una banda y a medida que fuimos haciendo amigos nuestra casa se transformó en la casa de juegos del barrio.

Alrededor había muchos terrenos, que usábamos para explorar. Por Remedios de Escalada para el lado de Eduardo VII, hoy Jauretche, había muy pocas casas que eran de familias inglesas. En el terreno lindero sobre Solís vivía otra familia inglesa, el resto estaba casi todo pelado. En Williams no había nada y por Vergara para 5 Esquinas sólo dos o tres construcciones, cuando avanzó la década de 1950 se fue edificando más. Cuando fui a estudiar Catecismo, en 1958, a lo de la familia Orcurto sobre Solís, conocí a otros chicos del barrio: dos hermanas de la familia Cartier, a Ricardo Linares que después fue uno de mis grandes amigos, a Pedro y Julia Grandi que vivían en la esquina de Williams y a los hermanos Araoz, Jorge y Silvia, que también vivían sobre Solís
Del lado de Solís construyeron los Fernández Llorente, que venían de Capital a veranear. Nos hicimos íntimos, eran 10 hermanos y los mayores tenían nuestras edades. Cuando llegaba el verano, desembarcaban y era todo un acontecimiento porque al día siguiente empezaba la farra. Les gustaba jugar al fútbol y nosotros también éramos futboleros, era una simbiosis espectacular.

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En la cuadra también estaba la familia Gutiérrez, que tuvieron una inmobiliaria y la hija Marta fue íntima amiga de mi hermana, los Orcurto, los Kuperschmidth, los Sánchez Aizcorbe que es adonde después nos mudamos, los Araoz (Jorge y Silvia hicieron el Catecismo con nosotros), los Clark, los Cabral, los Dejean y los Simonini. En una casa inglesa de Solís y Eduardo VII estuvo el colegio Jean D’Arc y, en la esquina en ángulo cerrado de Solís y Vergara, la quinta de los Cámeron. Sobre Vergara, al lado de los Grandi, estaba la familia de Guillermo Salatino, el reconocido periodista de tenis. Él y su hermano Jorge venían a jugar al fútbol a casa, yo era un piojo y empecé a jugar con ellos que eran más grandes.

A fines de los 50 murieron mis abuelos, poco tiempo después mis tíos se fueron a vivir a la Capital y los Arnedo nos quedamos solos en toda la casa. Ahí empezamos a ser vecinos de la calle Solís y fue cuando yo comencé a vivir más de cerca la música de mi padre, Mario Arnedo Gallo, porque desfilaron un montón de músicos por mi casa. Como había mucho lugar se quedaban a pasar los fines de semana, y hasta una semana entera, era un lugar donde se folcloreaba intensamente. (*)

Llegó un momento en que los dueños de la quinta decidieron venderla, la situación ya se había convertido en problemática por lo grande del lugar y el alquiler que para nosotros era muy caro.
Mi vieja cobró una sucesión y se pudo comprar la casa de Solís 1383, a pocos metros de ahí. Cuando se hizo la mudanza en 1962, ya teníamos una pandilla de amigos importante, fue espectacular porque se movilizó todo el barrio. Hicimos una cadena de gente que, como si fuéramos hormigas, mudamos todos los elementos de poco peso. Éramos como 20 chicos llevando cosas.

Ese año lo tengo muy presente porque simultáneamente con el cambio de casa teminé la primaria en la Escuela 10 y junto al fin de la infancia concluía una etapa que fue inolvidable. Sigo recordando con mucha nostalgia mi niñez en la casa quinta, forma parte de mi legajo de vida emocional y de mi eterno cariño por Hurlingham, mi lugar de origen. HCXC

(*) Mario Arnedo Gallo fue un destacado músico y compositor, autor de numerosas y exitosas composiciones, de las que se destacan la chacarera La flor azul, versionada entre otros por Mercedes Sosa y Los Chalchaleros, la zamba La Amanecida consagrada en el Festival de Cosquín de 1962 interpretada por los Huanca-Huá y la Chacarera del Cantor de magistral interpretación por los Manseros Santiagueños.

8 comentarios en «Gonzalo Arnedo y el recuerdo de la quinta Santa Teresita»

  • el 6 noviembre, 2020 a las 20:08
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    Que buena nota…la recuerdo a la Sra Arnedo, amiga y vecina de mi abuela, Thea Hendricks. Esos eran todos los vecinos de la zona, mis abuelos vivian sobre Williams. Muchos fueron con mi papa al «angloargentino». Existe la quinta Cameron?que paso con la quinta santa Teresita?

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    • el 7 noviembre, 2020 a las 01:37
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      La quinta Santa Teresita y la quinta Cameron se demolieron y se subdividieron los terrenos. Más adelante publicaremos planos de cuando se ofrecieron los lotes de la quinta Cameron, la subdivisión fue fechada en 1952.

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    • el 8 noviembre, 2020 a las 11:34
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      Hola Paulina, la casona de la quinta Santa Teresita fue demolida cuando los Arnedo nos mudamos a la otra casa de la misma calle Solís. Luego todo el terreno completo fue adquirido por la familia Fernandez Llorente que eran los propietarios de la casa vecina y amigos nuestros sobre los que cuento en la nota, o sea que tuvimos cancha de futbol enorme para seguir divirtiéndonos los veranos y fines de semana; además ellos construyeron allí una pileta, la que obviamente se transformó en la pileta de la pandilla del barrio. Y como la familia de ellos vivían en Capital iban a Hurlingham los fines de semana. A quien le pidieron que cuidara y mantuviera en condiciones la pileta ? A mi, que ya tenía 12 años y le conocía todos los secretos; el motor y equipo de filtrado fue instalado en la casilla del viejo molino que alimentaba de agua anteriormente a la casona. Cómo me voy a olvidar de todo eso que he vivido siendo tan chico ??? Saludos. Gonzalo

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  • el 7 noviembre, 2020 a las 10:57
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    Felicitaciones !; es más importante de lo que muchos se imaginan , recordar nuestro pasado, porque es el camino al presente !
    Nélida Cristina Zappella
    José María González
    Lash
    Bsrcelona

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  • el 21 abril, 2021 a las 20:21
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    ¿Vos sos hija de Tommy?
    Fuimos grandes amigos de la infancia e iba seguido a la casa de tus abuelos. Yo vivia a media cuadra , sobre Urquiza, ahora Rio Colorado.

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