Fernando Corral: Hurlingham siempre estuvo cerca

Dejó nuestra ciudad a los 25 años. Siempre estuvo relacionado a tareas sociales: la solidaridad como estilo de vida. (*)

◊ La noche del 2 de enero de 1983, cuando bajó del tren Expreso BA-Rosario, Fernando Corral estaba por comenzar una nueva vida.

El monumento a la Bandera, símbolo de la ciudad adonde lo destinó la empresa Goodyear, tenía algo en común con él que quizá fuera una señal, había sido inaugurado el 20 de julio de 1957, el mismo día de su nacimiento.

«…recibió un llamado que cerraría por completo la historia, “Me comentaron que habían usado este instrumento para atender de emergencia a un chico que había caído en una piscina… ¡fue extraordinario!»

En Rosario se enamoró de Laura, se casaron en 1986 y nació Matías, que hoy tiene 30 años.

En 2005, después de una larga lucha, Laura falleció.

Fue una tremenda experiencia que vivió, acompañando y admirando a una mujer que no se entregó hasta el final.

Luego, la vida le daría revancha. Hace 13 años armó una nueva familia con Rita y con ella vendrían 3 hijos del corazón, Virginia, Cristian y Valeria, y 4 nietos, Delfina, David, Gabriel y Bautista.

Aunque hoy viva en Rosario, para Fernado Corral Hurlingham siempre estuvo cerca.

Tal vez sea por los recuerdos de las vivencias compartidas con su grupo de amigos, Pocho Vidaechea, Rubén Bolli, Pablo Bernhard, Jorge Mieres, Walter Edy Dilowski, Horacio Mogetti y los cuñados de Alejandro Sokol, Luis y Tato Riquelme.

O quizás esa conexión se haya generado en sus días de estudiante en nuestra ciudad, hasta que se recibió de ingeniero agrónomo en una universidad cercana.

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Pero hay una acción que realizó en 2010 que lo muestra en esencia.

Fue cuando vendió la casa de sus padres, María Inés y Ángel, un acto que selló su despedida de Hurlingham.

Memi y Angelito amaron el pueblo donde vivieron, la Escuela 10, el Club Independiente, los bailes de Cosmopolita: “Entendí que algo de ellos debía quedar.

Entonces me contacté con las Voluntarias del Hospital San Bernardino, nuestro hospitalito, y decidí donar por su sugerencia un desfribiliador”.

Antes del acto formal de recepción, Fernando recibió un llamado que cerraría por completo la historia, “Me comentaron que habían usado este instrumento para atender de emergencia a un chico que había caído en una piscina… ¡fue extraordinario!

La donación ‘in memoriam’ de mis padres había dado efecto inmediato”. □ HCXC

(*) Extracto de la nota publicada en revista casaxcasa en mayo de 2019

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