Claudio Scaglione

Los restos de Claudio Scaglione fueron identificados en Malvinas.

Los restos de Claudio Scaglione fueron identificados mediante análisis de ADN en Malvinas donde combatió cuando cumplía el servicio militar obligatorio. Estuvimos con su papá, Norberto, poco después de que regresara de su viaje a las Islas. (*)

◊ Para mí esta no es una entrevista más, porque Claudio Scaglione y sus padres fueron vecinos de mi familia desde que tengo recuerdos, cuando los vecinos tenían un trato cercano y la calle era un espacio común en el que se compartían vivencias.

Claudio se recibió de técnico químico en la Escuela Técnica República del Perú. Para quienes no lo conocieron, su carácter querible se puede percibir por los comentarios de sus excompañeros de la secundaria y amigos en la página de Facebook, Claudio Scaglione – Héroe de malvinas.

Tanto su historia personal, que se completó después del trabajo realizado por el Comité Internacional de la Cruz Roja, como los efectos devastadores que su destino incierto ejerció sobre sus seres queridos, no deberían ser olvidados.


Norberto nos cuenta en primera persona los pormenores que rodearon a ese encuentro demorado por más de 3 décadas:

El viaje estuvo bien organizado y fuimos muy bien atendidos. Nos recibieron en el hotel Presidente, acá en Capital. El 25 a la noche hubo una charla sobre el sentido del viaje y cómo iba a estar organizado, después sirvieron una cena.

Habremos descansado una hora y media hasta que nos llamaron a la 1 de la mañana y salimos para Ezeiza donde estaban esperándonos dos aviones de la empresa Andes, que fueron admitidos por los ingleses porque no tenían pintadas las banderas argentinas.

«Al lado suyo también estaban los restos de un compañero al que conocí en Constitución cuando iba a despedirlo al tren con el que regresaba a Bahía Blanca donde hacía la conscripción. Ellos compartían la trinchera«

Éramos unas 250 personas que volamos para Bahía Blanca y sin parar tomamos el rumbo a las islas.
Llegamos a Malvinas a las 4 y media pasadas cuando estaba amaneciendo.

Para entrar tuvimos que presentar los pasaportes, los controlaron rápido, subimos a los micros y 45 minutos después ya estábamos en el cementerio. Todo fue organizado por el gobierno argentino en acuerdo con el gobierno inglés.


En el cementerio había instalados baños químicos, algunas carpas y servicio de bebidas calientes. Nos entregaron folletos para que cada uno supiera a qué zona tenía que ir. También viajaron representantes de cuatro diferentes religiones.

Cuando llegamos hacían 8°C, al mediodía comenzó a levantase viento, se volvió difícil estar y comenzamos a regresar.

La vuelta fue algo escabrosa, nos revisaron como se revisa a cualquier pasajero y nos tuvieron más de una hora. No fueron corteses. Yo llevé un bolsito con otro pullover, por si hacía falta, una gorra y un pañuelo, nos hicieron sacar los cinturones y poner las cosas en una bandeja grande de acero para revisarlas.

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No tuvimos contacto con gente del lugar porque la ciudad está lejos del aeropuerto. Vi a varios chilenos trabajando. A las 2 de la tarde, cuando volvimos a subir al avión, nos brindaron el almuerzo.
Quedé satisfecho con el viaje, ahora sé que los restos de mi hijo están ahí.

Al lado suyo también estaban los de un compañero al que conocí en Constitución cuando iba a despedirlo al tren con el que regresaba a Bahía Blanca donde hacía la conscripción. Ellos compartían la trinchera. En esa trichera había dos muchachos más, pero no sé en que lugar del cementerio quedaron.


Ese viaje reciente a Malvinas fue el corolario de otros viajes, de otras pérdidas y dolores que incluyeron años de una incertidumbre que se insinuaba interminable.

Norberto nos habla de ese angustiante 1982, de la posterior búsqueda y el sufrimiento infinito de una madre:
-Iba a terminar de hacer la conscripción en marzo, pero como ya tenían todo preparado no lo largaron, lo dejaron, y lo mandaron a Malvinas.

Cuando ya estaba en las islas recibimos alguna carta suya por medio de un amigo con el que bailábamos folclore en el Club SITAS y trabajaba enseñando en la Base Aérea de El Palomar.

A través de su contacto con aviadores podíamos enviar cosas a los muchachos, como echarpes y víveres, y ellos les entregaban las cartas.

Lo último que escribió para la madre y la novia, antes que entraran los ingleses, lo trajeron los chicos que felizmente volvieron.

Él había aprendido algo de inglés entre el colegio y lo que practicaba con la novia que había vivido en Estados Unidos. En Malvinas manejaba una ametralladora.

Su grupo estaba junto a un regimiento del Ejército de Corrientes, esos muchachos tenían muy mala comida y estaban con ropa de verano como la que usaban en su provincia.

Ellos le pasaban la comida que recibían de la Armada que no estaba tan mal.

Como no volvió, tuvimos que empezar a buscar información. Un compañero que vivía en San Miguel informó que en la batalla del Monte London, que fue la más trágica, vio en la noche que a Scaglione se lo habían llevado los ingleses. Lo fuimos a ver por si sabía algo más, pero nos contó lo mismo a nosotros.

«La mamá tenía miedo que en los resultados de los ADN llegara a estar Claudio. Prefería morir antes que saber eso«

A partir de ahí traté de conectarme con personas que traían noticias: estuve con la curia, me entrevisté muchas veces con Pérez Esquivel que me consiguió datos, hablé con gente del Ministerio de Relaciones Exteriores que no me dio respuestas porque no tenían contacto con los ingleses, y hasta llegué a relacionarme con un miembro de la Cámara de los Lores en Inglaterra, siempre con la esperanza de que se lo hubieran llevado y lo mantuvieran castigado o por algún motivo se hubiera quedado él en Inglaterra. No sabía qué, buscaba algo.

A la mamá le dieron esperanza videntes que le decían que estaba vivo en Inglaterra.

Tuvo esa expectativa hasta que falleció hace dos años. Ella tenía miedo que en los resultados de los ADN llegara a estar Claudio. Prefería morir antes que saber eso. En esa desesperación me dijo que no iba a dar sangre para la identificación, finalmente el que dio la muestra de sangre fue su hermano.


Sin dudas el reclamo por la soberanía en Malvinas está grabado en la esencia de nuestro ser nacional. Pero la guerra es otra cosa. Las cicatrices que nos dejó esa aventura trágica son profundas. Sobre esa guerra nos habla Norberto, con una voz que denota paz y la agonía a cuestas de haber buscado a su hijo por más de 30 años:

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“Lo que dejó la guerra está a la vista. No tuvo ningún sentido, al contrario. Las Malvinas son un lugar inhóspito que para lo único que sirven es como punto estratégico de las grandes potencias.

A una guerra vas, pero no sabés si volvés y los que gobiernan y dan las órdenes no van al frente. Ellos se quedan sentados en sus lugares secretos y cómodos”.

El recuerdo de un ser valioso como Claudio Scaglione debería servirnos para tener siempre presente el valor incalculable de la paz, al que no se le debería interponer ningún argumento ni excusa. HCXC

Por Eduardo Fortunato

(*) Publicada en revista casaxcasa en mayo de 2018

https://www.facebook.com/groups/164836980238066/

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